El manual de campaña más antiguo que conservamos

Cada vez que se acercan unas elecciones generales nos pasa lo mismo. Recordamos con detalle lo que el líder de un partido dijo de los líderes de otros, pero apenas recordamos lo que nos prometieron, lo que cumplieron y lo que finalmente sucedió. Las críticas interesadas que empatizan con nosotros se nos suelen quedar; los hechos, sin embargo, buenos y malos, se nos escapan por interés inconsciente. Y finalmente todos acabamos votando por simpatía a los candidatos y no por lo que realmente nos pueden aportar a nosotros y a nuestros hijos como sociedad.
No es un defecto de nuestra época, ¡no! Hace más de dos mil años ya ocurría; es más, podríamos decir que alguien dio con la clave que aún hoy se mantiene en política, y no para denunciarlo, sino para aprovecharlo en su favor en detrimento de los votantes.
Roma, año 64 a. C.
Marco Tulio Cicerón quiere ser cónsul, la magistratura más alta de la República. Tiene un problema: es un homo novus, un recién llegado. Ningún antepasado suyo había ocupado el cargo y la vieja aristocracia lo miraba con recelo. Sus rivales son Antonio y Catilina.
Sucede entonces que recibe una carta firmada por su hermano Quinto. Es el Commentariolum petitionis, un breve manual de campaña que, si te fijas, aún se sigue utilizando hoy sin que tú lo sepas. Arranca con una frase que Marco debía repetirse cada día al bajar al foro: «Soy nuevo, aspiro al consulado, esto es Roma».
Así las cosas, es cierto que la autoría aún hoy se discute desde el siglo XIX. Hay especialistas que lo creen una falsificación posterior; desde los años setenta, buena parte de la crítica lo acepta como obra de Quinto. No obstante, para lo que nos ocupa hoy, nos da igual: es el documento de estrategia electoral más antiguo que se conserva, y describe con una franqueza incómoda cómo se gana un voto. Cómo te captan a ti y a mí.
Lo que aconseja Quinto
Ofrece esperanza. En la campaña, dice, lo principal es que la gente tenga una buena esperanza de lo que harás por la República y una opinión honrosa de ti. ¿Te das cuenta? No habla de programa: habla de expectativa e imagen.
No digas que no. Cuando te pidan algo que no puedes prometer con honestidad, niégalo con buenas maneras. Pero Quinto va más allá y explica por qué conviene más prometer que negar: quien recibe una negativa se ofende hoy, mientras que una promesa queda sujeta al azar, se cumple en el futuro y solo se compromete con unos pocos.
Ahí está la mecánica entera. La promesa está diseñada para emocionar hoy y olvidarse mañana. Su coste se aplaza; su beneficio, el voto, se cobra en el acto.
Que se hable de los rivales. Quinto recomienda procurar que circule sobre los adversarios mala fama de delitos, vicios o sobornos, y que sea acorde con su forma de vida. Que suene verosímil.
Cicerón ganó. Fue cónsul en el año 63 a. C.
Por qué sigue funcionando
El propio Quinto advierte que escribe para su hermano y para esa candidatura, no para cualquier candidato. Sería ingenuo trasladar sin más la Roma republicana a una democracia actual. Pero el mecanismo de fondo no depende de la época, sino de nosotros: de cómo funciona nuestra atención y de lo poco que exigimos a nuestra memoria.
Ninguno de los tres consejos funciona si el votante recuerda. La esperanza sin balance es una apuesta a ciegas. La promesa aplazada solo sale gratis si nadie vuelve a por ella. Y el rumor sobre el rival solo prende si no contrastamos. ¿Te suena?
Votar con memoria
El antídoto no es desconfiar de todos. Eso también nos deja indefensos, porque si todos son iguales, nada se puede evaluar. El antídoto es un método sencillo, cuatro preguntas antes de votar:
Ser críticos. ¿Esto que me emociona o me enfada es una propuesta, es una expectativa o es una provocación?
Tener memoria. ¿Qué se prometió la última vez y qué se cumplió?
Diferenciar relatos. ¿Lo que sé de cada candidato son hechos o es lo que su adversario quiere que yo me crea?
Evaluar actores. ¿Qué ha hecho cada uno, para bien y para mal, comparado con datos?
Quinto contaba con que su hermano conocía las reglas del juego y los votantes no. Leerlo hoy sirve para invertir esa ventaja.
Así que te devuelvo la pregunta: ¿qué recuerdas tú de lo que te prometieron la última vez y no se ha cumplido, y por qué?
Te recomiendo que hagas una lectura detallada del documento original para que puedas hacerte una idea del alcance de mis palabras. Para ello, te dejo una versión aquí del Perseus, Universidad de Tufts, para que puedas traducirla, si así lo deseas.
El presente no se adivina. Se aprende a leer. Si quieres entender lo que hay detrás de cada titular, estás a un clic de descubrirlo: Cómo entender el presente.
Fuentes para el pie del artículo
Quinto Tulio Cicerón, Breviario de campaña electoral (Commentariolum petitionis), trad. de Alejandra de Riquer, Barcelona, Quaderns Crema, 1993.
I. X. Adiego y A. de Riquer, «Algunes observacions sobre la imprevisible actualitat del Commentariolum petitionis», Anuari de Filologia. Antiqua et Mediaevalia, 8, Universitat de Barcelona, 2018.
T. Nótári, «On Quintus Tullius Cicero’s Commentariolum Petitionis», Acta Juridica Hungarica, 51, 2010.






