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EN 1860 ESPAÑA FOTOGRAFIÓ UN ECLIPSE PARA SABER QUÉ ERA VERDAD.

  • Foto del escritor: Jesús Arcos
    Jesús Arcos
  • 9 ago
  • 3 min de lectura

Actualizado: 14 ago


PERO HAY UN DETALLE EN AQUELLAS FOTOS QUE HOY RESULTA EXTRAORDINARIAMENTE MODERNO.

El próximo miércoles 12 de agosto millones de personas levantaremos el móvil para fotografiar el eclipse.


Montaje con IA del Warren de la Rue, Paper, 'On the total solar eclipse of July 18th 1860 observed at Rivabellosa, near Miranda de Ebro in Spain' by Warren de la Rue, 30 January 1862, PT/65/1, The Royal Society Archives, London, https://makingscience.royalsociety.org/items/pt_65_1/paper-on-the-total-solar-eclipse-of-july-18th-1860-observed-at-rivabellosa-near-miranda-de-ebro-in-spain-by-warren-de-la-rue, accessed on 09 August 2026
Montaje con IA del Warren de la Rue, Paper, 'On the total solar eclipse of July 18th 1860 observed at Rivabellosa, near Miranda de Ebro in Spain' by Warren de la Rue, 30 January 1862, PT/65/1, The Royal Society Archives, London, https://makingscience.royalsociety.org/items/pt_65_1/paper-on-the-total-solar-eclipse-of-july-18th-1860-observed-at-rivabellosa-near-miranda-de-ebro-in-spain-by-warren-de-la-rue, accessed on 09 August 2026

Y probablemente ocurrirá algo curioso: antes incluso de que termine, las redes estarán llenas de imágenes. Algunas magníficas. Otras retocadas. Alguna seguramente creada o mejorada con inteligencia artificial.


Pero esta historia empezó mucho antes.


En 1860, otro eclipse total de Sol convirtió un pequeño lugar de Álava, Rivabellosa, en uno de los centros de la astronomía mundial.


Hasta allí llegó el astrónomo británico Warren de la Rue con un instrumento entonces extraordinario: el fotoheliógrafo de Kew, construido específicamente para fotografiar el Sol.

No viajó precisamente ligero.


La expedición llegó a España a bordo del HMS Himalaya, transportó un auténtico laboratorio fotográfico, levantó un observatorio provisional y consiguió realizar más de cuarenta fotografías durante el eclipse.


Aquellas imágenes tenían una misión que hoy nos resulta sorprendentemente familiar:

averiguar qué era real.


Los astrónomos discutían sobre unas extrañas llamaradas rojizas que aparecían alrededor del Sol durante los eclipses. No estaba claro si pertenecían realmente al Sol o si podían ser algún fenómeno relacionado con la Luna.


La fotografía permitió comparar imágenes tomadas desde distintos lugares. Y allí estaba la respuesta. Las protuberancias mantenían su posición respecto al Sol. Eran solares. La imagen se había convertido en evidencia científica. Hasta aquí, una preciosa historia de la ciencia. Pero ahora viene el detalle que más me interesa.


Existe una conocida fotografía del observatorio provisional instalado en Rivabellosa. Si uno la mira con atención descubre algo imposible:


Warren de la Rue aparece dos veces en la misma imagen.

No es un fantasma.

Tampoco un error.

La fotografía fue construida combinando dos fotografías diferentes. El propio Science Museum conserva la imagen y advierte de este pequeño juego visual.


Y aquí, de repente, 1860 se parece muchísimo a 2026.


Porque las mismas fotografías que ayudaron a establecer una verdad científica convivían con imágenes que podían ser construidas, compuestas y modificadas. La fotografía nunca fue exactamente sinónimo de realidad. Lo que cambia con el tiempo son las herramientas.


En 1860 eran placas fotográficas, exposiciones larguísimas y montajes realizados artesanalmente. En 2026 tenemos móviles, Photoshop e inteligencia artificial.


Pero la pregunta sigue siendo prácticamente la misma:


¿qué estoy viendo y por qué debería creerlo?

Por eso el eclipse del miércoles me interesa también como historiador. Un eclipse es un fenómeno astronómico perfectamente explicable. Pero alrededor de ese fenómeno aparecen inmediatamente muchas otras cosas: científicos, instituciones, medios de comunicación, turistas, administraciones, fotógrafos, empresas, relatos y millones de personas intentando conservar una imagen de algo que apenas durará unos minutos.


Ahí empieza la Historia. Porque los hechos importan.


Pero también importa quién los observa, cómo los registra, qué imagen seleccionamos para recordarlos y qué relato construimos después con ella.


Dentro de cien años, cuando alguien quiera saber cómo vivimos el eclipse de 2026, probablemente encontrará millones de fotografías.


La cuestión será otra: ¿cuáles de ellas contarán realmente lo que ocurrió?

Quizá por eso el miércoles, además de mirar al cielo, merezca la pena mirar también cómo lo estamos mirando.

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