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¿Y si la noticia de Ceuta empezara en 1962?

  • Foto del escritor: Jesús Arcos
    Jesús Arcos
  • 24 ago
  • 8 min de lectura

¿Récord o Avalancha? La misma frontera. Dos maneras de contarla.
Imagen generada con IA. ¿Récord o avalancha? La misma frontera. Dos maneras de contarla.

CARIM sobre un artículo que retrocede sesenta años, y sobre el reloj que le falta


A finales de julio de 2026, decenas de miles de personas cruzaron a Ceuta por el espigón del Tarajal. Las cifras oscilan entre 40.000 y 72.000 según la fuente, y en pocos días casi todas habían regresado a Marruecos. Las de fallecidos no están consolidadas: la prensa recogió siete cuerpos hallados en los primeros días; el sociólogo Mehdi Alioua, de Sciences Po Rabat, habla de más de ochenta. Después llegaron las cifras del turismo: 46,6 millones de visitantes extranjeros, 63.800 millones de euros de gasto. El mismo verano, la misma frontera, dos maneras opuestas de contar cuerpos que se desplazan. Unos son récord; otros, avalancha.


Alicia Reigada, antropóloga de la Universidad de Sevilla, publicó el 14 de agosto en Conversación sobre Historia un artículo que se niega a empezar por ahí. Le paso las cinco lentes del método CARIM. No para desmentirlo: comparto lo esencial de su lectura. Precisamente por eso. El método se aplica sobre todo a los textos que nos dan la razón.


Adelanto la tesis: en Ceuta corren dos relojes. Reigada mira el largo, el de sesenta años, y lo mira bien. El corto —el de los Estados que usan la frontera como palanca— queda fuera de su encuadre. Sin los dos, la foto no cierra.


C — Contexto: dónde decide empezar

La operación central del artículo es una operación de contexto. Reigada no arranca en el espigón, sino en los años sesenta, con Fritz Baade, economista alemán del Instituto de Economía Mundial de Kiel, recorriendo los cultivos experimentales de Huelva y proponiendo para Andalucía un modelo de tres patas: exportar productos agrícolas —«exportación de sol», lo llamaba—, atraer turistas y cobrar las remesas de quienes se marchaban. En ABC de aquellos años, el empresario Antonio Medina Lama ya hablaba de «España, la California de Europa».


Con ese arranque, Ceuta deja de ser una irrupción y pasa a ser un capítulo. El modelo que hoy clasifica a unas personas como riqueza y a otras como amenaza lleva sesenta años funcionando, y funciona bien.


El reloj corto. Falta, sin embargo, un contexto más próximo y bien documentado: el de la frontera como instrumento de política exterior. No es una sospecha de tertulia; es un objeto de estudio con literatura propia. La politóloga Kelly M. Greenhill lo formalizó en Weapons of Mass Migration (Cornell University Press, 2010) bajo el concepto de «migración forzada coercitiva»: la práctica de un Estado que provoca o facilita desplazamientos para arrancar concesiones a otro.


Los casos europeos recientes están inventariados. En marzo de 2020, Turquía facilitó el desplazamiento de miles de personas hacia la frontera griega mientras negociaba fondos y apoyo en Siria. Entre 2021 y 2022, Bielorrusia organizó llegadas a las fronteras de Polonia, Lituania y Letonia: el Hybrid CoE de Helsinki documenta que los intentos de cruce hacia Polonia pasaron de 3.500 en agosto a 17.300 en octubre de 2021, y que Lituania detuvo a 4.150 personas frente a 81 el año anterior. Desde el otoño de 2023, el Ministerio del Interior finlandés describe en su web oficial una «migración instrumentalizada» —definida como aquella en que «la entrada al país es organizada por otro Estado»— y cerró la frontera terrestre con Rusia en diciembre de ese año.


Y hay un precedente español directo. En mayo de 2021, unas 9.000 personas —al menos 1.200 menores— entraron en Ceuta en dos días tras el desmantelamiento de los controles marroquíes. El catedrático de Derecho Internacional Público Alejandro del Valle Gálvez lo analizó para el Real Instituto Elcano como «un acto deliberado de injerencia hacia España, con la intención de que modifique su política exterior» sobre el Sáhara Occidental, y recuerda que las propias autoridades marroquíes «reconocieron expresamente» esa finalidad. Diez meses después, en marzo de 2022, España calificó el plan marroquí de autonomía como «la propuesta más seria, creíble y realista».


La Unión Europea ha convertido todo esto en derecho. El Reglamento (UE) 2024/1359 define la instrumentalización como la situación en que «un tercer país o un agente no estatal hostil fomente o facilite el desplazamiento de nacionales de terceros países o apátridas a las fronteras exteriores o a un Estado miembro, con el objetivo de desestabilizar a la Unión o a un Estado miembro».


Esto no contradice a Reigada: la completa. El reloj largo explica por qué existe una frontera tan rentable. El corto explica por qué alguien puede accionarla.


A — Actores: quién habla y en nombre de quién

El artículo está bien poblado: Baade, Medina Lama, el sociólogo Antonio J. Ramírez, el académico Stephen Castles, el ex comisario europeo Thierry Breton y, sobre todo, Esteban Tabares, cura obrero, fundador del Sindicato de Obreros del Campo (1977) y de Sevilla Acoge (1985), de quien procede la fórmula que da título al texto.


Conviene señalar una tensión que el propio artículo hereda del problema que denuncia: las personas migrantes siguen sin hablar en primera persona. Aparecen a través de quienes las acompañan. No es un defecto del texto, es el límite del género; pero un artículo que reprocha la reducción a cifra hace bien en no dar por resuelto ese punto.


Fuera del encuadre quedan tres actores con mucho en juego. El Estado marroquí, tratado como escenario más que como sujeto con agenda propia. La Comisión Europea, que financia el control fronterizo delegado y cuya respuesta tras julio de 2026 fue anunciar más fondos para Marruecos. Y el empresariado agrícola andaluz de hoy —el que emplea a temporeras marroquíes en la fresa de Huelva—, que es justamente el terreno que Reigada investiga y que aquí solo asoma en nota.


R — Relatos: el punto de partida contiene media conclusión

Ante Ceuta conviven dos narraciones. Una habla de asalto y frontera desbordada. Otra habla de desesperación y de derechos. Reigada elige la segunda, pero su jugada no es adjetival: es cronológica. Al empezar en 1962 en lugar de en 2026, convierte al lector andaluz en descendiente de quien se fue, no en vecino de quien llega. La reversibilidad hace el trabajo que no haría ningún adjetivo.


El paralelo es sólido en lo laboral —el artículo cita a Stephen Castles a propósito de los Gastarbeiter alemanes: «buscan importar trabajo, pero no personas»— y más frágil en lo jurídico. El emigrante andaluz de 1962 salía con convenios bilaterales y permiso de los dos Estados; quien cruzó el Tarajal lo hizo contra los dos. La diferencia no debilita el argumento; lo agudiza.


Sobre lo ocurrido en julio de 2026 circulan, además, dos relatos causales que conviene no fundir. El primero apunta a la orquestación estatal, por analogía con 2021. El segundo lo niega: Alioua sostiene que atribuirlo a Rabat revela «un profundo desconocimiento de la realidad marroquí» y lo explica por confluencia —la Fiesta del Trono concentrando el dispositivo de seguridad cerca del enclave, dos millones largos de pasajeros en la zona en pleno verano, una crisis social con 1,5 millones de jóvenes marroquíes sin estudios ni empleo, y la amplificación digital de una sentencia judicial.


Esa sentencia existe y merece precisión, porque circuló deformada. El Tribunal Supremo resolvió el 29 de junio de 2026 que el rechazo en frontera solo cabe frente a quien supera «elementos de contención fronterizos», y que «quien entra por mar, como en este caso a nado, no supera un elemento de contención fronterizo». No concedía derecho alguno a permanecer en España. Difundida como si lo hiciera, funcionó como convocatoria.


Entre ambos relatos causales no hay hoy evidencia pública concluyente. Decirlo es parte del método.


I — Intereses: a quién beneficia que te indignes

Reigada escribe desde una posición declarada —investigación militante sobre el trabajo agrícola— y su interés es mantener la dimensión laboral dentro del cuadro. Está a la vista, que es como deben estar los intereses.


Los demás también tienen los suyos, y no requieren suponer mala fe. Marruecos obtiene capacidad de negociación sobre el Sáhara y sobre fondos europeos cada vez que la frontera se tensa. Un gobierno español gana estabilidad si la crisis se atribuye a mafias y desinformación, y no a su política exterior. La Comisión gana una justificación para acelerar un marco de excepción que ya tenía redactado.


Y aquí está el punto que ninguna de las dos narraciones subraya: el marco de la «instrumentalización» también tiene consecuencias. La jurista Maria Gkliati sostiene en European Papers (2023) que el concepto «despliega el lenguaje del Derecho de la Guerra para justificar respuestas aún más extremas» y prolonga cuatro décadas de securitización. El Tribunal de Justicia de la UE ya frenó una norma lituana de emergencia en 2022 (asunto C-72/22 PPU) al concluir que el Derecho de la Unión ya disponía de herramientas ordinarias. Desde el CIDOB, Blanca Garcés Mascareñas añade una vuelta más: la instrumentalización es «el resultado de la externalización del control» que la propia UE construyó. Quien delega la frontera, entrega la llave.


De modo que la pregunta CARIM se desdobla. ¿A quién beneficia que te indignes con la avalancha? A quien necesita una emergencia fronteriza. ¿A quién beneficia que te enternezcas con «nosotros también fuimos emigrantes»? A quien prefiere un consenso moral que no altera un solo contrato en el campo de Huelva.


M — Memoria: qué pasado se invoca

Reigada invoca una memoria disponible y prestigiosa en Andalucía: la maleta, la estación, el giro postal. Es pertinente en lo estructural y menos pertinente en lo jurídico-político.


La cobertura de julio de 2026 invocó otra memoria: la de mayo de 2021. Esa comparación sí es pertinente en la forma —misma ciudad, mismo espigón, mismo efecto— y está por verificar en la causa. Conviene sostener la diferencia entre «se parece» y «es lo mismo», que es donde casi siempre se cuela la conclusión.


Pero hay una tercera memoria en el texto, y es la más útil: la de Tabares y su gente. «Acompañamos a los temporeros y trabajamos como ellos. Hacer esto, ser uno más con ellos, nos acerca a sus centros de interés, nos hace descender a tierra». Eso ya no es memoria de víctima, es memoria de práctica. No pide que sientas: te da un verbo.


Balance

El artículo de Reigada hace lo que casi ningún titular hace: mueve el punto de partida y lo dice. Sus límites —el reloj corto ausente, el Estado marroquí como decorado, la UE fuera de plano— no lo invalidan. Lo sitúan.


Y deja una lección de método por encima de su tema. La deshumanización rara vez llega como insulto. Llega como sustantivo neutro. Flujo, oleada, avalancha, irregulares, efecto llamada. Palabras que describen agua o mecanismos, no decisiones. Y en el reloj corto ocurre lo mismo por el otro lado: llamar «arma» a una persona que cruza a nado también le retira la voluntad, solo que ahora para convertirla en munición ajena. Las dos operaciones se parecen más de lo que parece. En ambas, alguien decide y el que camina no es nunca ese alguien.


Cambia una palabra deshumanizante por otra que devuelva agencia y cuéntanos por qué: construyamos un pequeño glosario colectivo.


Nota sobre las cifras

Las cifras del cruce de julio de 2026 no están consolidadas y varían según la fuente (entre 40.000 y 72.000 personas). Tampoco lo están las de fallecidos. Las causas del episodio son objeto de interpretaciones divergentes entre analistas; este texto recoge las principales sin decidir entre ellas.


Artículo analizado

Alicia Reigada, «Mirando a Ceuta desde Andalucía. Frente a la deshumanización, "descender «a tierra»"», Conversación sobre Historia, 14 de agosto de 2026.


Fuentes citadas

  • Kelly M. Greenhill, Weapons of Mass Migration: Forced Displacement, Coercion, and Foreign Policy, Cornell University Press, 2010.

  • Alejandro del Valle Gálvez, «Consolidar a la UE en el área del Estrecho (1): Ceuta, Melilla y Marruecos», ARI 66/2021, Real Instituto Elcano, 13 de julio de 2021.

  • Blanca Garcés Mascareñas, «The "instrumentalisation" of migration», CIDOB, 2022.

  • Aurel Sari, «Instrumentalized Migration and the Belarus Crisis», Hybrid CoE Paper 17, abril de 2023.

  • Maria Gkliati, «Let's Call It What It Is: Hybrid Threats and Instrumentalisation as the Evolution of Securitisation in Migration Management», European Papers, vol. 8, n.º 2, 2023.

  • Reglamento (UE) 2024/1359 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 14 de mayo de 2024 (situaciones de crisis, fuerza mayor e instrumentalización).

  • TJUE, asunto C-72/22 PPU, M.A., sentencia de 30 de junio de 2022.

  • Ministerio del Interior de Finlandia, «Situation at the eastern border» (información oficial).

  • Mehdi Alioua, «Por qué Marruecos no pudo orquestar la crisis de Ceuta», Le Grand Continent, 5 de agosto de 2026.

  • Maldita.es, verificaciones sobre el cruce a Ceuta (30 de julio de 2026) y sobre la sentencia del Tribunal Supremo (5 de agosto de 2026).

  • Euronews, cronología de las relaciones España-Marruecos, 31 de julio de 2026.


Método: CARIM — Contexto, Actores, Relatos, Intereses, Memoria. Cinco lentes, siempre en este orden.

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