Cervantes gay...
- Jesús Arcos

- 20 sept
- 5 Min. de lectura
Hoy tuve la oportunidad de ver "El Cautivo" de Amenábar, y debo admitir que me resultó difícil empatizar con el personaje y la época representada. Aunque el cine, como séptimo arte, tiene sus propios recursos que rara vez coinciden con la Historia, no le exigiré credibilidad al argumento, pero sí un poco más de dinamismo al personaje.
Es cierto que Miguel de Cervantes fue capturado en 1575 por corsarios berberiscos y estuvo cautivo en Argel hasta 1580. Su captor fue Hasán Bajá y el cronista de la historia, Antonio de Sosa, un compañero de cautiverio. Amenábar nos presenta a ambos personajes con la licencia histórica que permite la creatividad del autor. Cervantes es retratado como un sagaz contador de historias, mientras que Sosa aparece como un monje fiel y acomplejado por haber mancillado su fe, sintiéndose en deuda consigo mismo y con Dios.
Sin embargo, hay curiosidades que la Historia o sus cronistas no mencionan y que pueden inspirar a cualquier creador: Hasan Bajá fue hijo de Jeireddin Barbarroja, un fiero corsario y férreo gobernador de Argel. Nació en 1517 y falleció en 1572. Durante su gobierno, lidió con expediciones marroquíes, conflictos berberiscos y estuvo muy implicado en la política del Mediterráneo del siglo XVI. En lo personal, se le atribuyen algunos hijos, pero apenas hay datos sobre su vida privada.
También se sabe que la moral musulmana y cristiana de aquel siglo era bastante laxa, y bajo la fachada de algunos negocios varoniles se ocultaban prostíbulos masculinos. Por el contrario, la mujer solía limitarse al papel de madre y cuidadora. Los hombres, además de guerrear en las batallas, tenían libertad para hacer lo que se les antojara, incluso disfrutar de compañías moralmente reprobables según la norma, como la homosexualidad o el consumo de alcohol prohibido por el islam.
Amenábar nos presenta a un Bajá cautivado por las historias que Cervantes contaba a sus compañeros de prisión. Un hombre, al parecer atractivo a pesar de su minusvalía, capaz de cautivar la imaginación de sus compañeros hasta librarles del peso emocional de estar en cautiverio en tierra de “moros”.
Por tanto, si en algún momento el Bajá sintió algo especial por Cervantes, cabe la posibilidad, teniendo en cuenta que además no era un prisionero cualquiera, sino que se le tenía en alta estima por lo que su rescate podía costar a las huestes cristianas.
Y ahora es cuando la imaginación se dispara al conocer que Cervantes gozó de un permiso de libertad provisional que le permitía salir del cautiverio por la mañana y volver por la noche. Esto le permitió granjearse la amistad de muchos moros y cristianos que se cruzaban en la cosmopolita Argel de la época.
¿Existió la posibilidad de que el Bajá se enamorara de Cervantes? La licencia creativa de Amenábar de hacerle descendiente de italianos, secuestrado y convertido al islam no es cierta, pero sí es cierto que como otomano fue depositario del antiguo conocimiento de la Antigua Grecia que dio luz al Renacimiento italiano. Luego, estamos en condiciones de sospechar que Hasan Bajá no era un iletrado, al igual que Cervantes. Y es en este punto donde podemos encontrar cierta conexión especulativa para pensar que la portentosa imaginación de Cervantes cautivara al Bajá, por encontrar en él un talento impropio de los cristianos más avezados a las artes de marear y guerrear en el Siglo de Oro español, ya que Lope de Vega o Quevedo no tienen historia militar conocida. Por el contrario, Cervantes sí participó en la batalla de Lepanto. Un hombre curtido por la guerra, que además es culto, capaz de estimular la imaginación con sus historias; en definitiva, resuelto… a poco que fuera atractivo, cabe la posibilidad de que llamara la atención de Hasan Bajá, y sobre todo, como se supone en la película, todas sus intervenciones públicas con sus compañeros de prisión eran advertidas por el Bajá.
Es mucho especular, ¡lo sé! Pero ante el horizonte nos encontramos a dos hombres cultos, refinados y con regusto por la sensibilidad. No es de extrañar que entre ambos ocurriera algo… Y la sospecha se basa en que el Bajá tuvo cuatro ocasiones para acabar con la vida de Cervantes. Cuatro intentos de fuga con sus compañeros de prisión no fueron suficientes para que el Bajá acabara con su vida, algo muy sospechoso… ¿Qué había entre los dos para que Cervantes no fuera ejecutado? Porque lo que se dice al respecto de que era un prisionero valioso, a juicio de cualquiera, no es suficiente como para perdonarle la vida y que al final consiguiera escapar y escribir el Quijote en Madrid.
Amenábar resuelve la incógnita de forma magistral, aunque no exenta de polémica, pero hay que advertir a los polemistas que “también ubica la procedencia del Bajá en un ámbito irreal”. Luego, las licencias creativas están para dar ritmo a los personajes y hacerlos agradables al espectador. Hay otras licencias históricas que toma el director para crear la trama, como la existencia del inquisidor y sus acusaciones a Cervantes…
De Miguel de Cervantes se sabe que se casó con Catalina de Salazar y Palacios en 1584, con quien no tuvo hijos, aunque al parecer sí tuvo descendencia con una mujer anteriormente, con la que tuvo una hija llamada Isabel de Saavedra. Al parecer, la tuvo en una relación anterior que no culminó en matrimonio con Ana Franca de Rojas en 1584.
Cervantes, durante su cautiverio entre 1575 y 1580, con una edad aproximada de 33 años, no se le conocía mujer. Más al contrario, él se casó en torno a los 38 años de edad, lo cual, para la época, era un matrimonio bastante tardío; incluso es tardío para las costumbres de la época, ya que para cuando él se fue a la Batalla de Lepanto con 24 años ya estaba en edad de merecer, y sin embargo, en la misma duró muy poco, y no contrajo matrimonio sino a la vuelta de su cautiverio. Diez años sin que se le conozca ninguna relación como para que un cronista tomara nota, me parece muy extraño, y por tanto, confirma la especulación de que la orientación sexual de Cervantes no fuera lo heteronormativa que marcaba la época, dando lugar a posibles encuentros como el del Bajá, que si no fuera por el personaje que representó en la historia, no hubiera trascendido la duda.
En síntesis, no me parece que la creatividad de Amenábar sea como para echarse las manos a la cabeza, pues hay indicios suficientes como para pensar que durante la época y los acontecimientos en los que se basa la película “El Cautivo”, el personaje de Cervantes no fuera muy heteronormativo.
Dicho lo cual, tan sólo me apetece subrayar que las dudas las siembra el diablo y que a veces acierta. No hay evidencias históricas para aseverarlo, pero tampoco se contemplaban en la época y se llevaban a cabo, porque no tenían la transcendencia que hoy pueden tener, ya que la misma estaría envuelta en acontecimientos históricos posteriores como la Resolución de los Derechos Humanos y la posterior libertad de orientación sexual. Y no es que queramos reivindicar nada al respecto, sino que muy lejos de hacer “turismo histórico” con las propuestas del colectivo LGTBIQ+, se reconozca la identidad en la Historia con los términos de la realidad actual, y que nadie se rasgue las vestiduras por pensar con términos del siglo XXI en los acontecimientos del pasado. Porque en el fondo, si la Historia quiere ser redimida de su estrecho corsé, ha de serlo con libertad de pensamiento intelectual, y no dejar el pensamiento bajo la cincha del heteronormativismo en el que si las cosas no se contaban como hoy las entendemos, jamás fueron posibles.





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