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Néstor Martín-Fernández, un artista lleno de Gracia

  • Foto del escritor: Jesús Arcos
    Jesús Arcos
  • 29 ago
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 30 ago

Néstor Martín-Fernández de la Torre (Las Palmas de Gran Canaria 1887 – 1938) es un hombre, cuando menos, peculiar. Podríamos hablar de su vida, de su historia como artista, como escenógrafo, como diseñador, como… tantas facetas, que ya lo han hecho otros, nos centraremos en su mirada más personal representada en los trabajos expuestos en la exposición “Néstor reencontrado” del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía en 2025.


Fotografía de Néstor Martín-Fernández de la Torre. Fondo Museo Néstor.
Fotografía de Néstor Martín-Fernández de la Torre. Fondo Museo Néstor.

Una fotografía de Néstor nos recibe con mirada desafiante o quizá de pose, de encuentro con la necesidad que le llevó a realizar este retrato. Mirada en alza, pies en descanso militar, brazos semicruzados y pacientes a la expectativa, de frente destacan sus labios carnosos y su cuerpo rígido. Labios que estarán presentes en toda su obra y que nos llevará a reflexionar sobre la época que te tocó vivir. Sin duda, estos, sus labios fueron un elemento capital, un motivo de inspiración o quizá un símbolo modernista del encuentro con la sensualidad al contacto de los alientos. Quizá Néstor, en ellos descubrió la superlatividad de los cuerpos musculados de Miguel Ángel; quizá representó la sensualidad de las curvas tan presentes en su obra frente a la opresiva línea recta y angulosa de las normas religiosas y masculinas de su tiempo.


Un hombre libre y opulento que descubrió el Arte de la mano de una mirada femenina en su madre, que le hizo viajar a Londres, a París, a Madrid, a Barcelona y que aprendió con los más grandes. Un hombre que había nacido en una isla olvidada por su España, y en vías de desarrollo, pero el mundo le hizo libre y capaz de expresar sus sentimientos. Pues fue precoz y rápidamente descubrió las mieles de la verdad que se ocultaba en su interior. Un hombre que no reparó en gastos y conocimiento a la hora de expresar su arte, su condición homosexual a la que persigue desde sus entrañas que se libere, que le hable, que le muestre la estrella que ilumina las Hespéridas y le revele tal cuál él se siente.


Durante toda su obra se pueden apreciar los signos de rebelión. La saga de los Faunos en referencia al Jardín de las Hespérides en el que representó los cuerpos hibridados, mitad hombres mitad mujeres con un color prerrafaelista y tinte modernista, impropio de los clásicos de su tiempo, revelan junto al Hércules levantando el túmulo de Pirene un deseo de ruptura. Ambos cuadros se hicieron a petición del empresario Josep María Roviralta para la decoración del Salón de Fiestas del Gran Casino Internacional de Barcelona.


¿Qué vería Néstor en aquello? La ambivalencia entre Pyrene y el Jardín de las Hespérides me hace suponer que en Néstor se urdía una batalla de pulsiones interiores un fuego por devastar su vida, por esculpir su piedra bruta hasta encontrar la inmortalidad de las manzanas. Su vida fue una lucha continua por expresar el fuego que en su interior ardía, que le fue esculpiendo como artista y como persona. Una persona de altos vuelos y sabio pensamiento artífice de su existencia.


En Opitalamio: Las bodas del príncipe Néstor nos ofrece una realidad de su más alta consideración. Algunos hablan de una versión narcisista de sí mismo al representarse como hombre y como mujer en el acto nupcial, pero olvidan que a su lado permanecen las tres gracias: la belleza, la armonía y la gracia. Sin duda Néstor en 1909 ya había encontrado su género: él es todos y también ninguno, es decir, la Belleza. Aglaya nos mira de soslayo sujetando el brazo de Néstor que se apoya en su versión femenina, mientras Eufrosina, la armonía, nos da la espalda al tiempo que Talía, la gracia, permanece cubierta por la abundancia. Sin duda ésta es una declaración de intenciones. Néstor no es un varón, tampoco una hembra, Néstor es un producto de la belleza, de la indeterminación sexual que sobrevuela el horizonte de la vida.


Y así quiso plasmarlo en su obra cumbre Poema de los Elementos, en los que despliega todo su arte, su conocimiento masónico, su libertad de género, su transcendencia normativa, y, sobre todo, su extraordinaria sensibilidad que quizá desarrollo tras el detonante que supuso su relación con Gustavo Durán, a quien representa en casi todas sus obras de este conjunto. Un hombre apasionante: músico y compositor, militar de alto rango que luchó en el bando republicano en la Guerra Civil Española, espía y escritor de la Generación del 27, diplomático y funcionario de las Naciones Unidas, aunque Néstor tan sólo le conoció como modelo, amante y muso de su universo.


En síntesis, Néstor no merece que su Museo haya sido olvidado en sus islas, ni en su patria ni en su historia, y confiemos que esta exposición le devuelva al núcleo de la diversidad que este país ha demostrado siempre, más allá de García Lorca.

 

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Invitado
30 ago
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Estupendo post y muy iluminador

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