Janucá, la Historia y el corazón humano
- Jesús Arcos

- 5 ago
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Actualizado: 11 ago
Cuando celebramos la festividad de Janucá generalmente lo hacemos por costumbre como la gran mayoría de las festividades religiosas. Todas ellas han configurado una tradición de costumbres culturales que asumimos sin mayor preocupación y olvidamos la razón histórica por la que lo hacemos.
Nadie está exento de esta "culpabilidad". Sin embargo, a nadie le sobra un poco de Historia en su mochila particular, pues de este modo al menos sería más consciente de lo que celebra, aunque lo que verdaderamente le importe es lo que "conmemora en dicho momento presente", en vez de en lo que concelebra.
Debido a ello asumimos quiénes son los villanos y los héroes de la "Historia Sagrada" por tradición, por costumbre, por fe... Identificamos a Ramsés, a Nabucodonosor, a Saúl y a tantos otros como seres deplorables, villanos, carentes de toda misericordia divina al igual que Herodes, Nerón o Domiciano. Sus nombres se han convertido en el anverso de las monedas, en la diestra de las representaciones, en el averno de la moralidad. Y todo ello porque la Historia "sagrada" pinta el mundo como deseamos verlo, sentirlo y vivirlo moralmente. Pero olvidamos personajes como Antioco Epífanes IV, quien sin ser muy diferente a los nombrados reveló en las monedas un perfil para el estudio como los anteriores. Ahora bien, mientras sea la fe la custodia de la razón que gobierne nuestras vidas, seguiremos pensando que, Moisés o Cristo derrotarán al coronavirus, así como ellos anduvieron sobre las aguas o las dividieron. Lo irracional siempre es más potente que lo contrario porque satisface al ego de un cerebro vago y cansino cuya única preocupación es "sobrevivir" con el menor esfuerzo posible.
Antioco practicó una política my semejante a la siria pretendiendo conseguir un sentido de uniformidad cultural que provocara una mediocridad económica y cultural que se acercara al concepto helenístico en el que todas las potencias divinas eran iguales, y solo era cuestión de con quién se alineara uno en función de sus intereses tomando el epitafio de "dios manifiesto". Algo que, por otro lado, no es muy diferente a lo que hoy experimentamos con todas y cada una de las "religiones del libro".
Cualquiera es muy libre de creer en lo que quiera, pero nadie debe de creerse en posesión de la verdad como para legislar a partir de ella sin respetar la disidencia connatural al género humano, pues de ahí le viene el epítome de humano al ser, es decir, dicho de un ser que tiene naturaleza de hombre, por tanto racional, perteneciente a la razón y no al sentimiento, o sea, irracional, del ser.
En consecuencia, abrazar la razón al modo heleno y tomar el epítome de "epífanes" que viene a significar "dios manifiesto", Antioco llegó a afirmar que era Zeus manifiesto...
Y yo me pregunto, ¿no dijeron los judíos griegos lo mismo del Yoshúa que ellos habían conocido? ¿No es verdad que entre sus discípulos había hombres judíos de origen griego como Andrés, entre otros muchos?
Antioco llegó a Jerusalén como un conquistador y sabía que se iba a encontrar con la oposición propia de quien es conquistado y avasallado en beneficio de otros. Luego al caos al que se enfrentó en el reino de Judá es normal que siguiera a la humillante derrota de un Egipto decadente que acabó por descargar sobre un pueblo demasiado castigado.
Pero no llegó a entender que ante el asentado reino de Judá ya se había creado un ideal religioso ajeno a su periferia, con un dogma y una ley escrita que perfilaba una idea que escapaba a la razón humana y configuraba una razón espiritual y teológica diferente, única y nada probada, pero útil políticamente para la diferenciación y etnocentrósis.
Por tanto, Antioco quiso tomar el poder, el control y el gobierno de unas mentes que habían sido alienadas por sí mismas a lo largo de los siglos en un intento de autodeterminación. Y por ello llegó a descargar su ira en el pueblo asesinando a miles de inocentes que habían asumido un "ideal" que los autodeterminaba como seres "diferentes" debido a la gracia divina fruto de su imaginación. Por tanto, cuando se prohibieron los cultos tradicionales como la circuncisión, y se quemaron sus Sagradas Escrituras o mejor dicho, el molde de sus pensamientos políticos y sociales sobre los que se había construido y constituido la estructura de su sociedad, se vieron perdidos ante la aplastante lógica de lo que se les venía encima.
En consecuencia, cuando las tradiciones judías nos hablan del milagro de "Janucá" no se pretende más que justificar el orden de las tradiciones del reino de Judá frente a la desgracia de generales helenos que lo perdieron todo, no tanto por asuntos religiosos -ni mucho menos- sino por cuestiones bien mundanas.
Si el aceite de un día para el Templo duró uno o nueve días forma parte de la "religión", o sea, del "religio" con las creencias, a las que la Historia de muchas almas devotas y humildes han cubierto de bondad, pero en realidad no fueron más que circunstancias históricas muy comunes y diferentes de la realidad.
Hoy en día el nombre de Antioco no es familiar entre los creyentes por dos razones: primero porque en los libros bíblicos que lo mencionan por su nombre (1 y 2 Macabeos) no están entre el canon judío y protestante, y entre los católicos pasa por "milagro" redentor sin ningún tipo de lógica. Y segundo porque el libro de Daniel no le nombra a Antioco por su propio nombre. Sin embargo, su infame legado ha transcendido a nuestros días en forma de mito mediante una festividad en la que adoramos la luz como fuente de entendimiento y razón, y sobre todo, como esperanza de un futuro mejor.
La Arqueología ha descubierto que de cuánto hemos leído debemos poner nuestro corazón en la verdad del dios interior que a cada cual sirva moralmente, y deje a la Ciencia que haga su trabajo para descubrir la verdad histórica con el fin de reconstruir nuestro pasado.
Por tanto, como hace tantos años que me enseñaron: si usted quiere creer, crea en lo que le dé la gana pero no obstaculice la verdad científica, y cuando se sienta incómodo rece por usted, y deje trabajar a los demás.





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