Mission Eternity: tu vida digital más allá de la muerte
- Jesús Arcos

- 5 ago
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 11 ago
En un mundo repleto de información, si alguien pensaba que con el último suspiro había llegado el final de sus días ¡se equivoca rotundamente! Mission Eternity del grupo suizo Etoy Corporation ha encontrado la clave de la existencia humana, y las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC) se están ocupando del resto.
En un espacio no mayor de 64Mb, usted puede reunir toda la información digital que contenga sobre su vida, grabarla en una cápsula y lanzarla al hiperespacio cibernético por toda la eternidad, al punto de que cualquiera y en cualquier parte del mundo pueda acceder a usted para establecer contacto. He aquí la cuestión del negocio, que cada uno puede compar para su posteridad, desde un panteón cibernético hasta una pequeña cápsula, construida con sus propias cenizas, donde quedará alojada toda la información digital que haya sido capaz de generar en su vida. El asunto parece un poco macabro, sin embargo ya son miles las personas que participan en este proyecto desde que en el 2006 se expusiera por primera vez al público.
En España, el proyecto fue presentado hace algunos meses en la Fundación Telefónica, en la exposición “VIDA Concurso Internacional Arte y Vida Artificial” en el que el grupo Etoy Corporation resultaron ganadores, y en estos días sus creadores imparten en la misma Fundación talleres de cómo participar como pilotos (futuros muertos) ángeles (voluntarios del proyecto) o incluso arcángeles (mecenas), o las tres cosas a la vez; pues mientras uno se muere puede ir enriqueciendo su cápsula de información, contribuyendo con un espacio en el disco duro de su ordenador (para replicar la información de los demás así como la suya propia), como contribuir de mecenas del proyecto para que se vaya dando a conocer por todo el mundo.
Innovador, curioso, y un poco morboso si se tiene en cuenta que vivimos en una sociedad que ha rechazado la muerte como principio esencial de la vida. Todos los días morimos un poquito cada vez que respiramos, pero jamás nos planteamos morir para siempre hasta que no llega el momento; incluso cuando lo vemos reflejado en los demás, tratamos de pasar por el trance de la manera más sigilosa que nos han enseñado.
Sin embargo, la “clave” del proyecto me ha conmovido profundamente. ¿Realmente, quiénes somos y cómo nos definiríamos si tuviéramos que hacerlo digitalmente? ¿Qué perdura de nosotros o qué es digno de perdurar para definirnos como tal? Sin lugar a dudas ¡el recuerdo! Al menos eso en lo que perdura en los demás cuando nos vamos de este mundo. Y los recuerdos inexorablemente están hechos de información. Información que ahora, gracias al proyecto Mission Eternity, podemos, incluso, enriquecer, al interactuar por el ciberespacio con la información que se va alojando allí, año tras año tras nuestro sepelio.
Ahora bien ¿realmente, quienes decimos ser, somos en realidad? ¿Qué voy a guardar digitalmente en dicha cápsula sino lo que más adoro de mí? ¿Cabe la posibilidad de que me diseñe un paraíso a mi antojo? Si cuando hablamos de nosotros somos capaces de mentirnos a nosotros mismos, ¿qué no haremos cuando queremos hacerles partícipes de ese “yo” a los demás?
En cualquier caso, me ha parecido una estupenda reflexión. Ciertamente, y gracias a las TIC, hoy en día, estamos creándonos consciente o inconscientemente una vida virtual, llena de fotografías, epístolas, música, cine, etc., cientos de miles de datos en formato digital, en los que perfectamente podemos construir un perfil para transcender la muerte, porque al fin y al cabo, qué somos sino un montón ingente de información en el interior de una vasija de barro…
Cada día que pasa dejamos más huellas de nuestra existencia en la Red de Internet, y ahora con las Redes Sociales, incluso más que nunca.
Llegará el día en el que podamos hablar de una huella digital, que conforme la biografía de nuestra existencia, como ya bien la define Facebook en nuestro perfil; pues no en vano, ya viene siendo un problema para las empresas de las principales Redes Sociales saber quiénes de sus perfiles, siguen vivos o muertos, y los servidores de la “nube” cada vez están más repletos de información referente a nuestros pequeños momentos.
Y así, seguidos un día tras publicando las fotografías de nuestras vacaciones, los momentos más íntimos de nuestras relaciones, nuestros logros profesionales, nuestras comunicaciones personales y profesionales…, y la lista se extiende hacia un infinito de posibilidades que cada vez nos delata más como una “historia” que como un ente biológico. A nadie le importa ya el aspecto físico de alguien salvo que no pretenda mantener relaciones sexuales con él o con ella. En Facebook damos de alta “amigos” que ni siquiera conocemos; no importa que sean feos o guapos, gordos o flacos, locos o cuerdos, lo importante es que se van a enterar de toda nuestra trayectoria personal y/o profesional, y nosotros, tan contentos.
Bienvenidos al siglo XXI, bienvenidos a las autopistas de la información, bienvenidos a la sociedad de la comunicación, bienvenidos al cielo de la Mission Eternity.





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